Los textos aquí publicados son propiedad intelectual de Javier Esteban Giangreco.

 

Desde lo legal, y en referencia a la obra, implica “para su autor la facultad de disponer de ella, de publicarla, de ejecutarla, de representarla, y exponerla en público, de enajenarla, de traducirla, de adaptarla o de autorizar su traducción y de reproducirla en cualquier forma” (Ley nº 11.723). Y también, entre otras cosas, se prevén penas para aquellos que violen este derecho (arts. 71 y ss.).

 

Pero quisiera acompañar esta afirmación leguleya con una reflexión más profunda: ¿qué significa, y qué no, ser autor de un texto?. Uno es lo que escribió, lo que está escribiendo y lo que escribirá… y más.

Un texto es como la vida, y la vida es como un texto.

Esta promesa de reflexión busca, más que un análisis detallado, ser una advertencia. Todo lo escrito aquí me pertenece (y no), soy yo (y no), pero no significa, bajo ningún punto de vista, que sea mi pensamiento actual. Y “actual” hace referencia al momento en que estoy escribiendo esto, así como al instante en que ud, estimado lector, lo está leyendo.

Donde ud. vea inconsistencias, quizás las haya; pero tal vez, a lo mejor, en una de esas, sólo sea un cambio. Algunos lo llamarán evolución, otros involución; aquellos incoherencia y éstos vaya a saber uno qué. Lo cierto es que vivimos, nos guste o no, en la era de la fluidez. Uno es y no es, fue, está siendo, y será. Somos tensión, y también contradicción (y no).

Por eso, al leer estos textos, no leerá al Javier de hoy… o sí. No sé.

Pero, de todas formas, le recomiendo que lo lea. O no. No sé.